Hace 64 años una masacre cobró forma. El 6 de agosto de 1945 se lanzaba el primer bombardeo atómico de la historia sobre la población civil de la ciudad japonesa de Hiroshima en el final de la Segunda Guerra Mundial. La ofensiva causó la muerte de cerca de 140.000 personas. No obstante, esta cifra ha ido ascendiendo hasta superar actualmente los 258.300, debido a enfermedades causadas por la radiación. Tres días después se repetía este mismo ataque sobre Nagasaki.
Este jueves, miles de personas se han congregado e
n el Parque de la Paz de Hiroshima para guardar un minuto de silencio por las víctimas a la misma hora de la tragedia -las 8.15 de la mañana, hora local (23.15 GMT del miércoles)-, según la agencia local de noticias ‘Kyodo’.
Una representación de Aikido por la Paz visitó en octubre de 2008 el museo de la Paz y los diferentes monumentos que hay en el lugar en recordatorio a tan terrible suceso.
Las frases de Morihei Ueshiba (fundador del Aikido) que indican hacia donde se dirige la práctica del Aikido, en este lugar adquieren más fuerza que nunca, mucho más sentido. Al ver el desastre que tuvo lugar en Hiroshima y las terribles consecuencias que hoy aún perduran recordamos algunas de ellas:
En el Arte de la Paz no hay contiendas. El verdadero guerrero es invencible porque no lucha con nadie. Vencer significa derrotar la idea de disputa que albergamos en nuestra mente.- Herir a un oponente es herirte a ti mismo. El Arte de la Paz es controlar la agresión sin producir daños.
- El verdadero Budo es un trabajo de amor. Es el trabajo de dar vida a todos los seres vivientes y no matar o luchar unos con otros.
- El verdadero Budo es un trabajo de amor. Consiste en dar vida a todo lo que existe y no en destruir o destruirse uno contra los otros. El amor es la divinidad protectora de todas las cosas. Nada existe sin él. El Aikido es la realización del amor.
- No hay adversarios ni enemigos para el verdadero Budo. Necesitamos solamente un espíritu para servir a la Paz de todos los seres humanos en el mundo, y no el espíritu del aquel que desea ser fuerte o que se entrena solamente para ser fuerte y batirse con los demás.

En el Parque de la Paz de Hiroshima fue construida la estatua dedicada a Sadako en 1958, en la base está escrito «Éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria; paz en el mundo». La historia fue tan impactante que trascendió los límites de Japón, convirtiéndose en un referente mundial de los movimientos pacifistas.
